De las golondrinas y los despidos masivos: Aún hay mucho por mejorar - Lideditorialcolombia

De las golondrinas y los despidos masivos: Aún hay mucho por mejorar

Desde finiquitos y liquidaciones inferiores a lo que marca la legislación hasta la simple desconexión digital de los empleados como señal indirecta, las prácticas utilizadas por muchas empresas para despedir a sus colaboradores muestran el largo camino que tenemos todavía por recorrer para dignificar esta faceta de la trayectoria laboral.

Hace no muy poco tiempo, una empresa establecida en el país entró en una situación económica preocupante y tuvo que cerrar muchas de sus operaciones y, en consecuencia, hubo despidos de varios empleados. Esto pareciera una situación normal en la vorágine económica que vivimos, pero hay un detalle que es mucho más común de lo que podemos pensar: les dieron un “finiquito” o una “liquidación” en extremo más bajas de lo que exige la ley bajo la premisa de “es lo qué hay”.

Otra empresa, establecida hace muchísimos años en el país, usaba la práctica de decirle a alguno de sus empleados “no te quiero ver, mejor vete a tu casa y yo te aviso” para que luego de tres días fueran despedidos con causa por ausentismo.

Una tercera, con ocasión del cierre de plantas por efectividad, decidió que tres personas estuvieran en el acceso a las oficinas un día a las seis de la mañana. Las personas daban su nombre y les decían si deberían dirigirse a la locación A o B. Todos los enviados a la sala A fueron despedidos esa misma mañana, inevitablemente esta historia me lleva a lo que fueron las prácticas en campos de concentración en el holocausto judío.

Y para rematar, esa práctica no poco común de desconectar al empleado digitalmente, de repente, y cuando cree que tiene un problema técnico se entera después que su tiempo en la empresa ha concluido.

En un análisis reciente para El Economista, Gerardo Hernández presentó las inmensas oportunidades que enfrentamos para los despidos y lo incapaces que hemos resultado para cambiarlo. Presenta un abordaje al tema desde varios aspectos por tratarse de un asunto multidimensional, como todo lo que se refiere a personas.

Antes de entrar en ello, debemos entender que, para el caso de despido, la Ley Federal de Trabajo ofrece una solución que, aunque es onerosa comparada con otras legislaciones, deja a los empleados sujetos a lo que la empresa quiera, si es que quiere.

Siempre he sido de la convicción que una de las grandes falencias de la ley es que el pasivo laboral no es más que un asiento contable, sin obligar a las organizaciones a tener una real reserva que permita que el capital de la empresa en efecto sea el respaldo de los empleados. Desde hace muchas décadas, otros países del continente han obligado a que las empresas hagan depósito a fideicomisos, e inclusive en entidades especializadas en la administración y gestión de este pasivo laboral. Si logramos quitar el factor económico de la fórmula, estaríamos resolviendo una parte relevante del dolor.

En el citado reportaje se presentan temas más allá de lo jurídico y económico, y se adentran al espacio de la dignidad, el bienestar y las emociones bajo el imperativo de entender que es una responsabilidad de la empresa.

Se agrega un elemento muy relevante que es considerar la salud del ecosistema, incluyendo a los que se van, pero también a los que se quedan. Sí, a los que quedan, en la medida en que se rompen relaciones naturales, personales, afectivas y laborales. En la empresa queda una herida gigante (a través de la cual salieron quienes así resultó su suerte), una herida abierta que es propensa a que elementos extraños o bacterias internas que pueden infectar la cultura, el bienestar e incluso la viabilidad de la empresa.

Es necesario cuidar a los que se van, pero también establecer las medidas necesarias para lograr sanar las redes internas y evolucionar la cultura. La necesidad de invertir en ello es evidente y se paga sola. Basta ver cómo siempre qué hay una reestructura caen al piso los indicadores de clima organizacional.

Son muchísimos aspectos presentados por este fenómeno recurrente. Incluso ya hay consultorías que se dedican al diseño de este proceso para el empleado que se queda y el que se va, e inclusive para el cliente (molesto porque le cerraron la sucursal o tienda cercana a su casa).

Recientemente leí alguna frase donde se decía que los que plantean que “vida sólo hay una” están equivocados; realmente muerte no hay sino una y vidas muchas. Ojalá dediquemos un tiempo a mejorar el camino por el cual, inevitablemente, habremos de pasar en algún punto de nuestra trayectoria laboral.

Autor: Juan Domínguez

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